miércoles, 15 de febrero de 2017

Caracas cenital


Era mi primera guardia como periodista. Apenas acababa de presentar mi tesis de pregrado. Era el feriado de Carnaval. Me tocaba cubrir el Aló Presidente, pero ese día, no hubo programa por el asueto.

A las 11 am mi jefa me dice que me van a mandar a una pauta en el Helicoide. Me consiguieron una grabadora, me dieron un micrófono para que lo pusiera si había cámaras de televisión. El Director de Protección Civil estaría dando una rueda de prensa en el Helicoide en 20 minutos por el regreso de los temporadistas. Tenía que apurarme.

El chofer voló, pero cuando llegamos no vemos mesas, ni sillas ni micrófonos. Sólo un helicóptero encendido. ¿Esto es una rueda de prensa? El asistente del Director me dice que estaban a punto de irse sin mí. ¿Sin mí? “Apúrate, baja la cabeza y cuidado con las aspas”.

¿Será que le tomaré las declaraciones antes de que él salga? No tuve tiempo de pensar. Corrí y me monté. Me saluda y me dice que me coloque el cinturón de seguridad. Había un camarógrafo y un reportero de otro canal.

Cuando reaccioné ya estaba a 50 metros de altura. La ciudad se veía cada vez más pequeña. El vuelo en helicóptero es más inestable de lo que parece. Cualquier brisa, viento o cambio de temperatura, se siente.


El ruido de las aspas apenas nos dejaba escucharnos. A mitad del viaje, supe que íbamos a un tramo de la autopista de oriente que se iba a habilitar en un solo sentido para el regreso de los temporadistas.



Vi desde arriba la autopista por la que paso todos los días para llegar a Caracas. Vi Guarenas, Guatire, mi urbanización. La autopista a oriente y en un punto, bajamos.

Hice el pase con la estación de radio. Fue en vivo y nunca había hecho algo así, pero quedó chévere. Cuando terminamos, regresamos a Caracas y en el viaje decidieron llegarse hasta la Guaira para ver el regreso por allá.

Las cosas que vi fueron asombrosas. El cajón que comunica el litoral con Caracas tiene mucha brisa y muchos helicópteros se han caído por allí. En esa parte nos llevamos un susto. En Vargas pudimos ver el puerto, las playas, volamos encima de los bañistas. Fue realmente una experiencia inolvidable.

¿Qué fue lo que más me impresionó de mi primer vuelo en helicóptero?
La desigualdad de nuestras ciudades. Ya había leído que América Latina es la parte más desigual del planeta. La distribución de la riqueza es grosera. Unos pocos tienen mucho, mientras que la mayoría apenas tiene para vivir.



Bueno, ver a Caracas desde arriba confirma esa idea. Cuando estábamos sobre Petare había montañas y montañas de ranchos, apilados, uno al lado del otro, sin espacios verdes, ni canchas, ni agua, ni luz, ni cloacas, pero a pocos metros de allí tenías urbanizaciones con piscinas y patios enormes, canchas de tenis, campos de golf. ¿Se trata de la misma ciudad?

Cuando pasé sobre el country club fue realmente una imagen grotesca. ¿Cómo es posible que en la misma ciudad tengas personas que se bañan con tobitos de agua; y a pocos metros, otros tengan piscinas enormes en sus casas? Una obscenidad injustificable.

Fui testigo de esa enorme e inaceptable brecha entre ricos y pobres. Ese tipo de lujo en una ciudad como Caracas, lo encontré repulsivo e indignante.

Así fue mi primer viaje en helicóptero.

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