lunes, 18 de julio de 2016

EEUU y sus aliados en el Caribe: el caso de Rafael Leonidas Trujillo


"Loro viejo no aprende a hablar" es un refrán de mi tierra. Significa que es difícil cambiar de hábitos. Ese dicho le queda perfectamente a la clase política estadounidense.

Por alguna extraña razón, ellos y ellas se creen predestinados a ser los líderes del mundo. Nosotrxs en América Latina tenemos la maldición de estar en el mismo continente, y hemos vivimo en carne propia las "bondades" de su liderazgo.

En 2016 cayó en mis manos el libro "Tumbaron al jefe. EEUU en el derrocamiento de Trujillo" del investigador dominicano Víctor Grimaldi.

El libro se publicó en los años 80, dos décadas después del asesinato del dictador Rafael Leonidas Trujillo. Su publicación causó revuelo en República Dominicana porque confirmaba un rumor de pasillos. Me refiero a la participación de EEUU en el asesinato de Trujillo.

El libro está muy bien documentado. No se basa en la versión de algún militante de izquierda caribeño. Se basa exclusivamente en los documentos desclasificados del Congreso de los EEUU.

Hubo un párrafo que me indignó sobremanera. Lo comparto al final. El párrafo muestra cómo EEUU usa a sus supuestos "aliados" -políticos, gobiernos, ONG´s, periodistas a sueldo, dictadores, regímenes de terror pro EEUU-, y cuando ya no son útiles, los desechan como basura.

Me indigna porque ese pensamiento sigue presente en la política EEUU. Solo basta escuchar cómo el Departamento de Estado, el Pentágono o la Casa Blanca se expresan sobre cualquier gobierno que no los obedece ciegamente.

La clase política de EEUU nos trata como si fuésemos menos que humanos, seres de segunda categoría, como si nuestros muertos valieran menos que los de ellos. Las muertes de ellos son producto del terrorismo; los nuestros son daños colaterales.

Si ves el libro "Tumbaron al jefe. EEUU en el derrocamiento de Trujillo" de Víctor Grimaldi, léelo. Te darás un banquete.

A continuación el párrafo:
Parte D del informe del Comité del Senado de Estados Unidos que investigó los planes de asesinato de líderes extranjeros en 1975

Rafael Trujillo subió al poder en la República Dominicana en 1930. Durante la mayor parte de su régimen, el gobierno de los Estados Unidos lo apoyó y era considerado en gran parte del Caribe y Latinoamérica como un protegido de los Estados Unidos. El gobierno de Trujillo, siempre rígido y dictatorial, se tornó más arbitrario durante los años cincuenta. Como resultado, la imagen de los Estados Unidos fue crecientemente perdiendo prestigio ante los ojos de muchos latinoamericanos. El progresivo descubrimiento por parte de los norteamericanos del régimen tiránico de Trujillo, y el temor de que esto produjera una revolución semejante a la de Castro, indujo a los funcionarios de los Estados Unidos a considerar varios planes para apresurar su abdicación o caída.

En febrero de 1960, el gobierno de Eisenhower dió alta prioridad a un programa de ayuda encubierta a los disidentes dominicanos. (Minutas del Grupo Especial, 10/02/1960). En abril de 1960, el Presidente aprobó un plan de contingencia para la República Dominicana el cual proveía, en parte, que si la situación se deterioraba aún más:
"...los Estados Unidos tomarían acción política inmediatamente para quitar Trujillo de la República Dominicana tan pronto como un régimen sucesor conveniente pueda ser inducido a reemplazarlo con la garantía económica, política y si es necesario, apoyo militar de E.U." (Memo del secretario de Estado Herter al Presidente, 14 de abril de 1960: Aprobación presidencial indicada en la carta de Herter al secretario de Defensa Gates, 21 de abril de 1960).
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