martes, 4 de agosto de 2009

Mercado editorial criollo se mueve a dos ritmos

Jorge González Durand
jgedurand@gmail.com

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19 de abril de 2009

El mercado editorial venezolano ha vivido en el último lustro un periodo de crecimiento sostenido. Libreros, editores y representantes de instituciones públicas coinciden en ofrecer un balance positivo del negocio del libro en los últimos años. En contraste, la exclusión de los libros de la lista de importación como bien esencial ensombrece el panorama al dificultar el acceso a las novedades internacionales.

Dalila Da Silva, Directora Ejecutiva de la Cámara Venezolana del Libro (Cavelibro), considera que el mercado editorial del país está en pleno auge. "Aunque no tenemos cifras gruesas con rigor estadístico de la edición de ejemplares, desde la Cámara creemos que hay un gran esfuerzo de producción nacional".

Este crecimiento se constata con la presencia de Cavelibro en la última Feria Internacional del Libro de Guadalajara. "Teníamos siete años que no participábamos. Estuvimos allí con 17 editoriales nacionales. A pesar de que la dinámica editorial venezolana no es tan competitiva como en Argentina o México sabemos que se está haciendo un gran trabajo editorial desde el país", apunta Da Silva.

Miguel Márquez, presidente de la editorial El Perro y la Rana, reconoce que en el sector privado hay señales positivas. "Lo vemos en las ferias, en las nuevas librerías, incluso muchos libreros afirman que hay más lectores. Se habla de un auge pero no se le ubica en un contexto explicativo. Desde el Ministerio de la Cultura sentimos que este desarrollo responde a las políticas públicas que generan interés por el libro".

El sector público también da muestras de solidez. En 2008 Monte Ávila Editores sacó al mercado 115 títulos con 3 millones 433 mil ejemplares; las Librerías del Sur cuentan con 56 locales a lo largo del territorio y la Editorial El Perro y la Rana llega a su tercer aniversario con 40 millones de ejemplares editados, lo que equivale a un ritmo de impresión de más de 36 mil libros por día.

Cifras. Aunque la mayoría de los entrevistados dio un balance favorable del mercado nacional muy pocos ofrecieron cifras sobre sus ventas, títulos publicados, importaciones y volumen de negocios.

Extraoficialmente, entre libreros, se comenta que Santillana encabezó la lista de ventas en 2008 gracias al amor adolescente entre un vampiro y una muchacha en Crepúsculo (Twilight) de la estadounidense Stephenie Meyer. Sin embargo, no se pudo confirmar esta cifra de forma oficial.

¿A qué se debe esta dificultad para encontrar esos datos? Dalila Da Silva explica que este problema no es exclusivo del sector editorial. "En Venezuela hace como 12 años se perdió esa tradición estadística. Desde Cavelibro hemos tenido que reconstruir información de mercado y a veces hay resistencia de los afiliados para darla porque quizás se sienten vulnerables".

Afortunadamente, Cavelibro facilitó los dos estudios del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe sobre el mercado del libro en Venezuela. El segundo informe (2007) concluye que más de la mitad de las empresas venezolanas facturan menos de 2 millones de bolívares fuertes al año y sólo 10% supera los 6 millones en ventas anuales.

De acuerdo a la investigación, el costo promedio de un libro en Venezuela está entre 20 y 40 bolívares fuertes. Sólo uno de cada diez ejemplares vendidos en el país es de producción nacional y la región capital se encuentra en el primer lugar en volumen de ventas duplicando las del resto del país. "El segundo lugar lo ocupa la región occidental y el tercero, a distancia, la región oriental del país", describe el informe.

Nuevos rostros. Este contexto de bonanza se complementa con la participación de nuevos actores. José Manuel Milano y un grupo de guatireños hace nueve años decidieron lanzar Tere Tere, un medio de comunicación alternativo que ahora también funciona como imprenta comunitaria.

"Gracias a un convenio que firmamos con El Perro y la Rana hemos podido hacer libros con el sistema de impresión riso de forma artesanal, para las comunidades de Guarenas, Guatire, Araira y Barlovento. Este año hicimos trece libros con autores de la zona", relata Milano.

El vendedor de garabatos, de Elio Bolívar, Porfirio, el Loco, de Alí Guillén y Anécdotas de un estudiante de topografía, de Argenis Farfán son algunos de los títulos que se editaron en el Municipio Zamora. El costo de edición es bajo y de cada obra se hacen 500 ejemplares. La editorial les da la tinta y el papel, y la comunidad los imprime y ensambla de manera voluntaria.

"La respuesta de los habitantes ha sido muy positiva. Tenemos en cola una cantidad de libros esperando por ser editados y se pueden adquirir fácilmente en las Librerías del Sur por un precio simbólico de dos bolívares fuertes", agrega Milano.

Descaraqueñización del libro. Los escritores locales, que difícilmente hubiesen tenido la oportunidad de publicar sus relatos y poemas, ahora pueden hacerlo a través de esta nueva red de imprentas regionales que impulsa la editorial pública El Perro y la Rana en los 24 estados del país.

Miguel Márquez explica que el Sistema Nacional de Imprentas busca la descentralización y "descaraqueñización" de las políticas públicas en materia del libro.

"Con estas imprentas hemos formado a muchas personas en el área técnica, en diagramación, corrección y criterio editorial. Nuestro reto es llevar esas imprentas a nivel de los municipios, para transformar los mapas del ámbito literario, con nuevos autores y con muchos más lectores", comenta Márquez.

El Sistema Nacional de Imprentas, con el auspicio del Estado, abre las puertas a nuevos escritores de todos los rincones del país que están cambiando desde las regiones la cultura del libro en Venezuela.

La otra cara. El incremento del negocio editorial nacional lo comparten el sector público y privado. En los últimos años editores y libreros han sido testigos de un periodo de desarrollo sostenido.

Sin embargo, el panorama resulta poco alentador por la decisión del Ejecutivo Nacional de retirar a los libros de la lista de bienes prioritarios número uno.

Esta medida se anunció en marzo de 2008 y afectó a los importadores y a las editoriales nacionales que dependen de los insumos para la impresión de libros en el país.

Por ejemplo, Antes de 2008 la editorial Random House Mondadori importaba cuarenta contenedores colocando en el mercado nacional cerca de 370 mil libros por año, "pero en 2008 sólo pudimos traer tres contenedores en todo el año", explica Víctor García, director comercial de esta compañía.

Luis Cagides, administrador de Editorial Trillas, declara que después de esa medida están importando 40% menos libros que el año anterior. "Estamos limitados a que nos aprueben los permisos que pueden tardar entre cuatro y seis meses, por todos los entes públicos que intervienen".

Desde la tierra de Octavio Paz y Carlos Fuentes, Roberta Tucat, administradora del Fondo de Cultura Económica, tampoco está de acuerdo con la medida. "Hemos disminuido a la mitad la cantidad de libros que traemos porque el proceso de solicitud de los dólares es muy lento. Quizás en Cadivi se tardan tanto porque piensan que los libros no son algo prioritario para el país."

Las novedades editoriales del mundo están llegando tarde o simplemente no llegan a Venezuela por esta desacertada decisión de retirar al libro de la lista de bienes prioritarios número uno.

Roberto Da Silva, de la editorial venezolana Panapo, considera que se desdibujó la actividad de importación de libros con esta medida de Cadivi. "Siento que fue una mala asesoría, hubo un error, porque todos los países del mundo propician el intercambio de información y en Venezuela siempre ha habido una larga tradición en cuanto a políticas especiales hacia el libro".

Libros costosos. Frente a las trabas burocráticas de Cadivi, Random House Mondadori, representante de 14 editoriales de varios continentes, decidió no traer más libros e imprimir en el país sólo best sellers que garanticen ventas superiores a los cinco mil ejemplares.

Entre esos títulos se mencionan El pasajero de Truman, del venezolano Francisco Suniaga; el Método Obama, de Rupert Swan; y Gomorra, una obra sobre la mafia italiana que le valió una amenaza de muerte a su escritor Roberto Saviano.

"Estamos haciéndolos acá por las dificultades de importación, pero los libros hechos en Venezuela son los más caros del mundo. Creemos que se debe a que las imprentas también tienen problemas para adquirir los insumos y terminan pagándolo al otro dólar".

"El último libro que analicé costaba producirlo en Colombia dos dólares cada ejemplar, y hacerlo en Venezuela salía en cinco dólares exactamente el mismo libro, con las mismas características", señala García.

Para Roberto Da Silva, de Panapo, hay grandes problemas. "Los insumos no se producen en el país. El papel descansa sobre un monopolio que dicta las pautas de los precios. Las tintas, reveladores, planchas y negativos se importan y los costos aumentan".

Irene Ojer, coordinadora de promoción de Ekaré, no puede afirmar que sean los más caros del mundo porque no tiene datos de otros países, "pero los costos de impresión son muy altos y hay limitaciones para importar insumos de la industria gráfica".

"Colombia y China, en cambio, tienen muy buenos precios. En Ekaré hemos trabajado con una imprenta en China y los libros salen mucho más económicos que hacerlos en el país, pero ahora con los problemas de los puertos no hemos podido volver a imprimir afuera", declara Ojer.

Soluciones. Dalila Da Silva, Directora Ejecutiva de Cavelibro, expresa que, como entidad gremial, están muy preocupados por el tema. "Se han sostenido algunos acercamientos con el Ejecutivo Nacional para tratar este punto. El 5 de marzo, la Cámara convocó a sus afiliados y se creó una comisión que está trabajando para que se le devuelva el status al libro como bien prioritario para el país".

Roberto Da Silva, de Panapo cree que esa medida de Cadivi producirá una contracción del mercado del libro. "De hecho, ya se está viendo en los anaqueles. Se está contrayendo la demanda aceleradamente".

García considera que está bien favorecer a la industria nacional, "pero también deberíamos sentarnos con la industria gráfica para ver por qué los libros en Venezuela son los más caros del mundo. ¿Quién termina pagando eso? Los lectores".

"Hay que sincerar precios y hay que atender a los impresores, darle las divisas para la importación de papel, insumos, tintas, películas y repuestos para las máquinas", expresó el representante de Random House Mondadori.

De esta forma, el Gobierno respetaría la firma del Acuerdo de Florencia (1950) y el Protocolo de Nairobi (1976) promovido por la Unesco, que estimula la libre circulación del libro e insta a los estados signatarios, entre ellos Venezuela, a reducir los obstáculos relativos a aranceles, asignación de divisas y prácticas comerciales que se opongan a la libre circulación de estos bienes culturales.

RECUADRO / Pueblo lector
El Centro Nacional del Libro (Cenal), junto al Instituto Nacional de Estadísticas (INE), realizó, en 2006, un estudio sobre el comportamiento del lector y el acceso al libro en Venezuela.

La investigación acompañó la encuesta de hogares por muestreo y se entrevistó aproximadamente a 18 millones seiscientas mil personas mayores de 15 años.

Del estudio se desprende que las venezolanas y venezolanos tienen una alta disposición a la lectura. Más de la mitad lee todos los días; y 45% de manera regular. Además, los lectores criollos se perfilan como hedonistas literarios, movidos por el placer y el gusto a la lectura.

"Los periódicos (69,6%), libros (42.8%) y revistas (30.6%) constituyen la forma impresa de lectura más común en los venezolanos", relata el informe.

Cinco de cada diez encuestados compra los libros que lee, revelando que tan sólo 37% los pide prestados a través de la red de bibliotecas públicas, escolares y universitarias del país.

Este dato representa un reto a las bibliotecas nacionales, regionales y locales para lograr que cada día más personas utilicen estos centros de documentación e información. El próximo estudio entre el Cenal y el INE puede dar luces sobre los avances en esta materia.
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